miércoles, 1 de abril de 2009

LA MADRE DE UN DIOS


LA MADRE DE UN DIOS

El estaba en la cuna.
No, no era una cuna.
Era tan pobre que no tenía cuna.
El estaba en un pesebre.

Y Ella lo miraba
Lo miraba como sólo las madres saben mirar.

El era el Hijo.
Ella era la Madre.
Las madres son tan maravillosas
que hasta un Dios precisó tener una Madre.

El aprendió a abrir los brazos,
abría los brazos para abrazarla.

Y Ella lo observaba.
En aquellos momentos
había algo de extraño, sutil,
casi imperceptible.
Mas Ella percibía.
Percibía porque era madre.

Y Ella observaba:
El esaba de brazos abiertos.
Abiertos para abrazarla.

En esto,
la polvareda del Tiempo le enturbió la mirada.
Hubo una fusión brutal del Ayer con el Hoy.
Durante un instante,
Ella quedó sin saber
en qué punto se encontraba.

Y ella lo observaba:

El estaba de brazos abiertos.
Abiertos para abrazarla.

¿ Para abrazarla?

Un murmullo de ruego salió de sus labios:
"Venga, mi HIjo".

¿ En què punto del Tiempo Ella estaba
en el Antes o en el Después?

"Mi Hijo ¿ por qué no me abraza?
Por qué se qeuda así de brazos abiertos?
En este mismo momento
hay tantos hijos
abriendo los brazos a las madres,
abriendo los brazos para abrazarlas.
Y usted se queda ahí,
con ese mirar tan tierno,
tan lleno de piedad,
mirar de cielo,
mirar de infinito,
mirar de eternidad ".

Y Ella lo observaba:
El estaba de brazos abiertos. Pero no para abrazarla.

Fue muy difícil ser madre de un Dios

LUIZ HOMERO (Brasil )

1 comentario:

  1. Una ternura inmensa. Me encanta que hayan sido convocados escritores de América del Sur. Felicitaciones! Mercedes Sáenz

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